Me pareció interesante la distinción entre competencia e inteligencia que se observa en el título del artículo de McClelland. “Testing for competence rather than intelligence”. Esto por varias razones.
La primera está relacionada con el origen. Se indica en el material de clase que allí aparece por primera vez la palabra. Su contexto es el marco de la gestión empresarial, particularmente la labor del departamento de recursos humanos en cuanto al reclutamiento de nuevo personal. Se afirma que “las competencias son los comportamientos que demuestran que una persona es competente para un determinado trabajo”. Esta afirmación es en apariencia circular, puesto que implicaría que las competencias demuestran la competencia. De todos modos, la fragilidad se encuentra en la expresión. La realización de cualquier trabajo requiere de un conjunto de habilidades o comportamientos, si una persona posee esas habilidades decimos de esa persona que es competente para realizar la tarea y denominamos a ese conjunto de habilidades las competencias necesarias para realizar dicha tarea. El problema del departamento de recursos humanos radica en determinar que una persona es la adecuada para cubrir un determinado puesto de trabajo. Según McClelland, los tests de inteligencia y los grados académicos son condición necesaria para garantizar un buen desempeño laboral, pero no suficiente. Para garantizar la habilidad requerida para cubrir cierto cargo, el candidato debe mostrar ciertas destrezas y habilidades que garanticen su efectividad (me gustó el oximoron posible efectividad). Aquí se observa que la palabra competencia sirve para trazar un puente entre la inteligencia entendida como una capacidad teórica y la capacidad práctica que implica la realización de una determinada labor entendida como una competencia o conjunto de habilidades. Es por ello que cuando una persona no posee una determinada habilidad se lo denomina como incompetente. La palabra competencia siempre tiene un sentido moral y se encuentra orientada hacia lo bueno. No se usa competencia para identificar acciones inmorales. No decimos: es un terrorista competente o tiene una pereza competente (o tal vez no participamos públicamente de esas selecciones particulares). Esta circunstancia establece la identificación de la competencia con una virtud y se advierte el componente doloroso que puede resultar cuando una persona que realiza una evaluación sobre nosotros no nos estima como competentes o virtuosos (adviértase que virtuoso se dice de la acción moral pero también del músico que demuestra habilidad). Más aún si la persona que realiza esa valoración es un incompetente.
martes, 8 de diciembre de 2009
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